2020. Este año parecía una fecha redonda para situarnos ante la Agenda 2030, para que el calendario comenzase a descontar tiempo y a sumar acciones para alcanzar los ODS, pero llegó la pandemia y todo cambió. O no. Quizás tan sólo introdujo una (notable) desviación, que hay que corregir sin más demoras. Porque la crisis de COVID 19 ha puesto en el centro de la recuperación social y económica el papel que corresponde al sector público, el liderazgo que debe ejercer, pero también la necesidad de que ese liderazgo se desempeñe desde una colaboración  conjunta entre el sector público y el privado y la sociedad civil, de tejer alianzas, en esta reconstrucción que debe tener un claro propósito: un mundo mejor.

Y en ese propósito, el de la (re)construcción de un mundo mejor, la gestión pública debe alinearse (sin perder un minuto) con la Agenda 2030 y los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), propósito que estaba en el horizonte pero que se ha visto afectado por la pandemia, pues tal y como ha reconocido Naciones Unidas se está constatando el impacto devastador de COVID-19 en la velocidad y la probabilidad de lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible. De hecho El Índice de Desarrollo Humano (IDH) elaborado por la ONU pronostica, de manera similar, una disminución en 2020 – la primera desde que se creó este indicador. Afirman que la desigualdad está en aumento, ahora hay un «cráter de COVID», uno en el que quienes carecen de educación y habilidades, así como de acceso a la tecnología, son los primeros en hundirse cayendo así más profundamente en la pobreza; y les resulta más difícil volver a donde estaban antes de la pandemia.

Por ello resulta fundamental retomar la prioridad y el protagonismo de la Agenda 2030 en la gestión pública, porque no hay ámbito afectado por la Agenda 2030 y los ODS que no comprometa a la gestión pública. Recordemos que la Agenda gira entorno a cinco ejes centrales: PLANETA, PERSONAS, PROSPERIDAD, PAZ Y ALIANZAS, las 5 “P”, por sus siglas en inglés: Planet, Personas, Prosperity, Peace y Partnership, ejes que también se sitúan en el Mecanismo de Recuperación de la Unión Europea y se entreteje en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia fijando los retos de futuro. 

La Agenda pretende avanzar hacia sociedades con un crecimiento económico inclusivo y mayor cohesión y justicia social, en paz y con un horizonte medioambiental sostenible. Explica cómo ha de procederse en 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS), que cubren todas las políticas públicas domésticas, la acción exterior y la cooperación para el desarrollo. Y en ese contexto las AAPP, administraciones con propósito, de un modo directo e indirecto, son ejes fundamentales para su consecución y para ello necesitamos abordar otro modelo de gestión pública y que requiere del liderazgo para retomar la hoja de ruta con el Liderazgo público (y más) para la recuperación.

Nos encontramos ante un nuevo contrato social que requiere partir de una visión integradora e integral que aglutine las políticas públicas internas y la coherencia de las políticas con el desarrollo sostenible en un esfuerzo colectivo conjunto y es necesario generar mecanismos que permitan cooperar y avanzar en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Son múltiples las posibilidades de activarlos desde el ámbito del sector público, un ejemplo, ,la importancia de la contratación pública como un valor clave para alcanzar dichos objetivos y cómo se lleva  a cabo, tal y como expresamos aquí, y, en particular, cómo la Agenda 2030 debe estar presentes en todas las decisiones estratégicas de futuro.

Para ello, las políticas palanca se presentan como una herramienta clave en el proceso de localización e implantación de los ODS, proceso de localización de los ODS que debe conducir a otro modelo de gestión pública diferente al que nos ha llevado a este punto, a una gestión pública sostenible, integradora, íntegra y transparente, a la vez que innovadora y centrada en las personas y en este sentido las medidas transformadoras se presentan como acciones e iniciativas políticas de rápida implementación y cuya capacidad de transformación es extraordinariamente alta en términos de sembrar las bases para el despliegue exitoso de las políticas palanca y de la Estrategia de Desarrollo Sostenible

Quizás la perspectiva actual es errónea. Parecemos fiarlo todo a una suerte de valor taumatúrgico de la Agenda 2030 y los ODS, como si su mera invocación pudiera salvar el mundo, cuando es justo lo contrario, los ODS representan un hoja de ruta a seguir, aportan luz al camino que debe emprender la gestión pública, pero imponen un mandato claro que requiere de planificación, estrategia y acción. Porque como señala la propia ONU para alcanzar estas metas, todo el mundo tiene que hacer su parte: los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil y personas como usted.  ¿Quieres participar? Puedes empezar por decirle a todos acerca de estos objetivos. Porque otra gestión pública es posible ¿A qué estás esperando?