Finalizado ya el año 2020, marcado por una pandemia mundial, y una más que incipiente crisis económica y social, que se suma a la sanitaria, toca ahora listar las tareas que, de un modo inaplazable, deben asumir los responsables del sector público, pero cuando hablamos de los responsables no hablamos sólo de los políticos, sino de todos y cada uno de los servidores públicos, que, en la medida de sus posibilidades, deben convertirse en «agentes del cambio», en catalizadores de esos retos.

Y para ello, hemos intentando sistematizar dichos retos en torno a 5 grandes ejes, que se conectan y comprenden todas las dimensiones de la gestión pública:

1.- Completar la Transformación Digital

Ha tenido que ser un factor externo, la crisis sanitaria generada por el COVID-19, el que ha venido a dar el definitivo impulso a la transformación, desde la improvisación y la urgencia del aquí y ahora, pero no puede quedarse ahí. Porque la carencia de medios no es tal, los medios existen pero se destinan a otra finalidad. Es urgente analizar estratégicamente cómo la transformación digital del sector público debe ser una palanca que permita ayudar a salir de la crisis que sustituirá a la sanitaria en las urgencias del sector público, a salir de la ya anunciada crisis social y económica, tal y como decíamos en “Administración electrónica y Covid-19. A la fuerza ahorcan”. Será clave la analítica de datos, el open data, y optimizar las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial y las demás tecnologías disruptivas.

La transformación digital debe hacerse (ya) realidad. La pandemia ha demostrado que el formato digital es el futuro, ya lo era antes (recordemos, además, el marco legal), pero la grave situación debería terminar de convencer a los escépticos, a los negacionistas de lo digital. Si antes del Covid19 era una obligación, ahora, con una difícil situación social y una fuerte crisis económica en ciernes, la digitalización es ya un deber inexcusable. Pero debe hacerse bien, siendo conscientes de que la transformación no es cambiar la burocracia en papel en burocracia digital, que no consiste en la mera utilización de herramientas electrónicas y digitalización de los procedimientos, sino en hacer más fácil la vida a la ciudadanía, en gestionar la información y los datos para prestar mejores servicios y cumplir con las funciones asignadas, debemos huir de la “Burocracia digital”. Para ello será necesario  (imprescindible) asegurar la conectividad en todo el territorio, fundamental el despliegue 5G para evitar que haya ciudadanos de primera y de segunda, de que se ensanche la brecha digital.

2.- Convertir la gestión pública en una gestión abierta, íntegra y transparente 

También el Covid19 nos ha enseñado las ya más que evidentes carencias de nuestro sistema de transparencia, a la hora de la verdad la opacidad y la falta de transparencia, han agrandado la brecha de falta de legitimidad de los poderes públicos. 3 propuestas de modificación de la Ley de Transparencia: la regulación de los grupos de interés (lobbies), whistleblower y la ausencia de un régimen sancionador que dote a los órganos de control de una herramienta eficaz ante la falta de interiorización de los valores asociados a la transparencia.  

Pero una vez más, no, no se trata de aprobar más leyes (cuantas más leyes, más corrupción).  La confianza en las instituciones es una pieza fundamental en el Estado de derecho, y la desconfianza es un lujo que ningún gobierno se puede permitir. El 2021 debería ser el año en el que se aprobase una estrategia global de prevención y lucha contra la corrupción, se mejorase (al fin) la Ley de Transparencia, se cuente al fin con la normativa para garantizar el estatuto de protección de denunciantes, la existencia de un canal de denuncias que refuerce nuestro sistema de integridad.

Porque debemos apostar por  el círculo virtuoso de la integridad pública (si bien resulta aplicable a la Integridad, con independencia del sector público o privado), que se estructura en torno a cuatro ejes: Buen Gobierno, Compliance, Liderazgo Directivo y Sostenibilidad, con la proyección con los Objetivos del Desarrollo Sostenible (OD S). Este Círculo virtuoso de la Integridad Pública garantiza los derechos fundamentales de la ciudadanía, la prestación de servicios públicos de calidad y permite una eficiente asignación y utilización de recursos públicos, recuperando y reforzando la confianza de la ciudadanía en las instituciones públicas. Para ello es importante orientar correctamente las políticas públicas: planificar, evaluar y rendir cuentas.

3.- Transformar el modelo de Empleo público

En el 2021 es necesario hacer realidad un “comentario de pasillo” que dura ya varios años: rediseñar el modelo de empleo público, captando talento para el sector público, pasando del thinking al doing, acabar de una vez con la obsolescencia programada de los empleados públicos. Con el actual diseño de los procesos selectivos, y el desempeño-tipo de la carrera profesional en el marco de la administración pública no resulta posible adaptarse a estos tiempos líquidos, con funcionarios líquidos, en los que las competencias profesionales giran entre las competencias digitales, tan necesarias para abordar los retos del nuevo modelo de funcionamiento electrónico y las tecnologías disruptivas, y, por otra, sobre las competencias que caracterizar a los empleados públicos en el S XXI, tanto las de carácter digital, básicas para un entorno electrónico, como las conocidas como soft skills, o competencias blandas, en alusión a aquéllas que permitirán aportar el valor que generan las personas públicas en ámbitos no digitales, empatía, pensamiento crítico, trabajo en equipo.. (tal y como decíamos aquí).

Como primera piedra en el camino se ha puesto en marcha una Iniciativa  en el INAP y Secretaría General de Función Pública Debates para repensar la selección del empleo público de la que esperemos salga algo más que un nuevo documento de análisis y estudio académico sobre lo que debería hacerse, sin abordar acciones concretas. Lo primero, en todo caso, es cuidar a las personas, a los servidores públicos, pasar de la administración de personal, de la gestión de recursos humanos, a la dirección y liderazgo de personas. El liderazgo es fundamental (evitando cometer graves errores, como decíamos aquí)y más en momentos tan difíciles como el actual, donde la gestión pública ha salido adelante gracias a funcionarios VUCA. Es necesario disponer de mecanismos y herramientas que permitan modular y flexibilizar el modelo actual, y entre ellos es básico contar con una Dirección Pública Profesional.

4.- Centrarse en las personas (administración ciudadanocéntrica) 

Entre los objetivos que recoge la agenda para el sector público fijada en la Estrategia España Digital 2025 se encuentra: “Personalizar los servicios públicos digitales. Hacia un modelo Ciudadano 360”. Y para ello es preciso que los servicios digitales de las administraciones públicas sean fáciles de usar, y, sobre todo, superar las dificultades de un complejo mapa territorial, sin una estrategia común y con diferentes exigencias en función de la administración de que se trate. La propia agenda lo reconoce en el fondo, al fijarse también como objetivo simplificar la relación de la ciudadanía con las Administraciones Públicas, un modelo de Administración centrada en el ciudadano.

Pero esa modernización de la Administración que responda a las necesidades de la ciudadanía y la economía, exige abordar el proceso de forma transversal y centrada no sólo en el BOE y en la tecnología, sino en las personas, tanto en las que forman parte de la administración como en la sociedad en su conjunto, llevar a cabo procesos de escucha activa, y pasando de una administración reactiva a una administración proactiva. De lo contrario, tras la enésima reforma legal para transformar la administración (ahora de la mano del Real Decreto-ley 36/2020, de 30 de diciembre, por el que se aprueban medidas urgentes para la modernización de la Administración Pública y para la ejecución del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia), nos encontraremos ante un nuevo ejercicio de gatopardismo que no nos podemos permitir (como decíamos en “Modernización de la administración ¿otra vez?”).

5.- Alinear las políticas públicas con la Agenda 2030 y los ODS 

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), representan un nuevo punto de partida para el crecimiento de las sociedades modernas, buscan garantizar un desarrollo que satisfaga las necesidades actuales sin repercutir e impactar en el de las futuras generaciones. A dichos efectos, la contratación pública es, sin duda, una herramienta estratégica que, adecuadamente desarrollada, contribuirá  a alcanzar la Agenda 2030 y los ODS. Un breve repaso por los ODS pone de manifiesto cómo el carácter instrumental de la contratación pública se proyecta en la consecución de todos ellos, desde la perspectiva de las metas correspondientes, sobre la base de 3 ejes podemos realizar una buena sistematización: contratación socialmente responsable, calidad de los servicios públicos y mejora de la confianza institucional. Será clave la gestión de los Fondos Europeos Next Generation, ante el establecimiento de esa Europa Digital y Sostenible a la que deben orientarse.

Imposible abordar todos los ODS con profundidad, pero no puedo dejar de mencionar el ODS 5. Igualdad de Género, recién aprobado el III Plan de Igualdad de la Administración General del Estado y sus Organismos públicos vinculados o dependientes. Es necesario, también en el sector público(objetivo al que está contribuyendo la Asociación de Mujeres en el Sector Público), asegurar la participación plena y efectiva de las mujeres y la igualdad de oportunidades de liderazgo a todos los niveles decisorios en la vida política, económica y pública y para ello, corresponde aprobar y fortalecer políticas acertadas y leyes aplicables para promover la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y las niñas a todos los niveles, utilizando la contratación pública como una herramienta estratégica.

El ODS 17 cierra la lista de los ODS porque es un eje fundamental para la consecución de todos y cada uno de ellos, creando redes al servicio de la sostenibilidad. Porque aunque al Sector Público le corresponde tomar la iniciativa, no podrá hacerlo solo. Sólo con el triple liderazgo, público, privado y social podrá emerger un futuro más sólido, digital y sostenible, un futuro de gobernanza colaborativa, siguiendo el camino de convergencia fijado por la Unión Europea, por la Agenda 2030, pero sobre todo, fijado por lo más importante, el “sentidiño”. ¿A qué estamos esperando para unir fuerzas? No saldremos de la crisis ni conseguiremos un futuro mejor si no evitamos que, como siempre, lo urgente se lleve lo importante, sino tejemos alianzas, construimos puentes de comunicación y proyectos de futuro que permitan aparecer compromisos transversales, multilaterales, tal y como señala el ODS 17.

En julio de 2017 (qué poco hemos cambiado) escribía sobre “La Administración que merecemos”, una administración innovadora, Una administración próxima a las personas. Una administración eficiente y eficaz. Que utilice racionalmente los recursos públicos y optimice su aplicación, pero no en términos puramente económicos y economicistas sino en términos de más y mejor servicio público, de servicios públicos de calidad, con especial atención a aquellos sectores más desfavorecidos, priorizando la construcción de una sociedad en igualdad de oportunidades. En definitiva, ciudadanos y ciudadanas, la sociedad en su conjunto, merece una buena administración. Parece sencillo, no lo es. En el 2021, y después de lo vivido en el 2020, toca pasar a la acción para hacerlo realidad, entre todos, sumando fuerzas, con liderazgo compartido,  lo conseguiremos.