Vivimos tiempos VUCA. En los últimos tiempos se ha generalizado la utilización de la expresión VUCA, para hacer referencia a un entorno que describe, por sus siglas en inglés, un entorno caracterizado por la Volatilidad (Volatility), la Incertidumbre (Uncertainty), la Complejidad (Complexity) y la Ambigüedad (Ambiguity)

 

V=Volatilidad

 

Asociada a la naturaleza y a la dinámica de los cambios, así como a la velocidad con la que éstos se producen

 

U= Incertidumbre

 

Relacionada con la falta de previsibilidad, el incremento de situaciones imprevistas y el no saber con seguridad cómo se van a desarrollar los factores que influyen en la actividad

 

C= Complejidad

 

De los problemas, confusión de las soluciones y desconcierto que caracteriza el entorno en el que operan las organizaciones

 

A= Ambigüedad

 

Asociada a la falta de claridad que da pie a interpretaciones diversas. Iguales condiciones provocan diferentes consecuencias.

De este modo, se hace referencia a que toda organización que desee diferenciarse, crecer y expandirse, debe ser capaz de cuestionar y analizar constantemente su toma de decisiones, así como, adaptarse rápidamente a los desafíos y oportunidades de crecimiento latentes. Reflexiones que no sólo deben aplicar al sector privado, sino que son perfectamente trasladables al sector público, porque a pesar de lo que creamos ese entorno VUCA también afecta a la gestión pública, aunque sus tiempos, reacción y acciones no se muevan al mismo ritmo.

Para sobrevivir y no desaparecer (teoría de la desintermediación de Carles Ramió) las administraciones públicas no solo deben implementar estrategias de flexibilización, de reducción de la burocracia y aplicar unos procedimientos de gestión prácticos (orientaciones todas ellas que exige el cumplimiento del propio ordenamiento jurídico), sino que todo ello tiene que ir de la mano de un comportamiento ético, transparente, íntegro y comprometido con el medio ambiente, de buenas prácticas de gobierno y de seguridad jurídica, es decir, de una buena administración.

Y es precisamente la permeabilidad del sector público a esas mismas características la que nos ha llevado a hablar de administración líquida en referencia al concepto de modernidad líquida acuñado por BAUMAN, sobre esta cuestión puede consultarse la entrada  “Funcionarios líquidos para una sociedad líquida” (aquí )frente a la «Obsolescencia programada de los empleados públicos» (aquí)  en un sistema de empleo público que no se diseña desde procedimientos y mecanismos que permitan el desarrollo profesional y la mejora desde la movilidad, la agilidad y la flexibilidad que requieren en muchos casos, las nuevas demandas ciudadanas de una administración proactiva..

Porque los nuevos retos a los que se enfrentan las administraciones públicas en este S XXI y la probabilidad de asumirlos con éxito está directamente relacionado con el capital humano y con la capacidad de gestión de los recursos humanos en este entorno VUCA. Y para ello, será vital el eje de la inteligencia dual, por un lado la inteligencia artificial (IA) para implementar las mejoras que las nuevas tecnologías permitirán en la gestión pública, y, por otro, la inteligencia emocional, que nos dotará con las habilidades necesarias para comprender que nos encontramos ante un escenario inevitable y que debe acogerse de un modo positivo por las innumerables ventajas que en términos de gestión aportará.

Vivimos tiempos VUCA, por ello cuando preguntamos si eres un funcionario VUCA, no es con el significado apuntado, no preguntamos si eres un funcionario volátil, incierto, complejo y ambiguo. La pregunta es si eres una persona empleada pública preparada para estos tiempos, con las capacidades, habilidades y competencias profesionales que se exigen para responder a estos nuevos tiempos, en su mayoría muy relacionadas con las soft skills y la gestión de personas, si eres un funcionario VUCA según la siguiente definición:

¿Eres un funcionario VUCA? Si aún no lo eres, estás a tiempo¡