La transformación digital NO es (solo) tecnológica. Recientemente he tenido oportunidad de impartir una charla sobre transformación digital, corrijo, no sobre transformación digital sino sobre algunas pautas relacionadas con la gestión del cambio para alcanzar la transformación digital, camino ya de convertirse en la piedra roseta que nos permita descifrar el nuevo modelo de gestión pública al que orientarnos. 

La realidad demuestra que, pese a los buenos resultados de España en el índice DESI, mientras nos planteamos las posibilidades de tecnologías como la IA, el blockchain, o la explotación de la información a través del big data, todavía existe un importante número de entidades del sector público que no han completado el ciclo de transformación digital (y digo completar, por ser generosa). Administraciones que siguen tramitando en papel, que no son interoperables en sus procedimientos y que, en consecuencia, se encuentran muy alejadas de la llamada gobernanza del dato, sin olvidar la brecha digital en su doble dimensión, de capacitación de la ciudadanía y de conectividad. 

Tanto en Europa, con la Agenda Digital, como en España, con el Plan España Digital 2025 y el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, se contempla este escenario, fijando objetivos y metas, pero no es suficiente. Es necesario acompañar estos instrumentos con las medidas concretas, de estrategias y enfoques que lo hagan posible, máxime tras un escenario como el generado por la crisis sanitaria del Covid-19 que ha puesto el protagonismo en los canales digitales. La reciente aprobación del Plan Nacional de Competencias Digitales y del Plan de Digitalización de las Administraciones Públicas 2021-2025 parece apuntar en dicha dirección, aunque como apunta Rafael Jiménez Asensio en Administración pública: la digitalización que nunca llega (I) hay un amplio espacio de mejora, entre los más relevantes, la visión excesivamente centralizada, pensando solo en la AGE, orillando la realidad de que la fuerte descentralización territorial lleva consigo la de la administración, y fuertes asimetrías y en el despliegue de la digitalización.

Tras explicar que, en mi opinión, uno de los mayores problemas en la transformación digital está en las personas, en la mala o inexistente gestión de personas, en la falta de planificación de las instituciones, en definitiva, en las asentadas resistencias al cambio y en las estructuras y arquitecturas institucionales que las permiten (cuando no las facilitan expresamente), propuse a los asistentes 5 reflexiones para trasladar a las organizaciones, a los planes y proyectos (macro y micro) para llevar a cabo el proceso de gestión del cambio que implica la transformación digital, que comparto a continuación: 

1.- El efecto acelerador del Covid ha sido importante pero no suficiente

El sentido de urgencia (de emergencia diría yo) que ha generado la declaración de la pandemia por el COVID, y la necesidad de aislamiento social y confinamiento ha dado un notable impulso a la digitalización, al formato electrónico, que, de repente, no sólo es más eficiente por las razones que (algunos) conocemos y defendemos desde hace tiempo, sino que es el único posible (a la fuerza ahorcan). El masivo despliegue del teletrabajo ha sido un gran ejemplo.

De repente han aparecido chatbots, inteligencia artificial y mil soluciones para agilizar la burocracia administrativa. Pero parece que centramos el foco no en una mejora de la atención a la ciudadanía en cuestiones básicas, sino en determinados ámbitos menos amables, como la inspección o la recaudación (como se ve aquí), mientras tanto colas interminables para tramitar el IMV y otras prestaciones de primera necesidad. No puede ser. 

2.- La transformación digital NO es adquirir tecnología

De acuerdo, no podemos hablar de transformación digital sin tecnología, pero encomendar todo a la tecnología, a equipos, servidores, aplicaciones, programaciones y desarrollos tecnológicos, por muy disruptivos que sean, no servirá. ¿Quién la utilizará y cómo se hará? Personas y procesos. 

Respecto a estos últimos, no es posible seguir pensando que lo único es el formato, la mera “digitalización” de toda la vida, el papel firmado con “borrón de tinta”, que se escanea y «digitaliza» (cuanto daño hacen los pdf…). La transformación digital exige revisión de procesos, simplificación documental y reducción de cargas administrativas, el recurso a la PID (plataforma de intermediación de datos) y la práctica real del principio once&only. De nada servirán normas y más normas (y proyectos) que diseñan herramientas comunes ¿para quién? Falta Interoperabilidad entre las miles de celdas que integramos la gran colmena digital del sector público, y sin interoperabilidad, la transformación digital seguirá siendo asimétrica.

3.- Es necesaria la gestión de personas: liderazgo transformador

Hay responsables en las instituciones que mandan, otros que mandan mal y otros que hacen absoluta dejación de funciones (absolutamente asintomáticos). Pocos líderes y muchos malos jefes (de eso hablábamos aquí). Un tema importante, los directivos son los primeros que tienen que tener competencias digitales, conocer el nuevo modelo para que se implante, para vencer y convencer las resistencias al cambio. El teletrabajo, de nuevo de actualidad (sobre este tema leer aquí), ha sido una prueba de fuego, jefes que solo paseaban, se reunían y daban órdenes por doquier, en el entorno remoto se han sentido como peces fuera del agua. A nivel directivo debe tenerse claro que resulta preciso contar con personas que puedan asumir los nuevos desafíos, que cuenten con capacidades y competencias digitales, pero también con las conocidas como soft Skills (más aquí). 

Si alguien tiene alguna duda, el recientemente publicado Plan de Competencias Digitales, señala : “aunque la evolución de España es positiva, la falta de competencias digitales, tanto básicas como avanzadas, supone un freno a la transformación digital (…)”.

4.- Si no lo hace el sector público, otros lo harán: el riesgo de la desintermediación

No puede ser. Las tecnológicas, las GAFA (Google, Amazon, Facebook y Amazon), son las que están fijando la agenda, ya lo hacían antes de la pandemia, pero la grave situación generada por el Covid sigue inclinando la balanza a su favor. Son sus actuaciones las que generan debates públicos sobre la utilización de los datos, la privacidad y la seguridad, son las que experimentan con nuevos modelos y desarrollos de tecnologías disruptivas que van descubriendo los riesgos inadvertidos para los poderes públicos. Como bien dice Carles Ramió, si las administraciones públicas no son útiles, las desintermediarán…

Los avances en gestión pública deben construirse sobre la doble hélice, Gobierno y Administración, por ello es preciso situar en la agenda política la necesidad de abordar, en clave de liderazgo y en modo reactivo, la introducción de las tecnologías ( también las disruptivas) en la gestión pública y marcar el ritmo en el conjunto de la sociedad.  Ahora bien, el sector privado no es el enemigo. Es fundamental no limitar redes y colaboración al ámbito de carácter público, perder el miedo a la colaboración público-privada en el desarrollo futuro, y recurrir cuando sea preciso al know-how y al talento que existe fuera del sector público, aunque sólo sea por una cuestión  de pragmatismo.

5.- Otra gestión pública es posible: la Agenda 2030 

Las tecnologías están cambiando el proceso del ciclo de políticas públicas y, de una forma u otra, abriendo nuevas oportunidades, pero también desafíos e implicaciones negativas, desde el establecimiento de la agenda hasta los procesos de evaluación. Señala la Recomendación de la OCDE que la IA debe estar al servicio de las personas y del planeta, impulsando un crecimiento inclusivo, el desarrollo sostenible y el bienestar, por lo que debe contribuir al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en todos los países. Que es necesario fomentar y promover la constitución de alianzas eficaces en las esferas pública, público-privada y de la sociedad civil, aprovechando la experiencia y las estrategias de obtención de recursos de las alianzas existentes o futuras en las líneas fijadas por la Agenda 2030. 

La conclusión

Vivimos en un mundo conectado y el sector público sigue funcionando en silos, en compartimentos estancos, en ocasiones en el SXX, frecuentemente de espaldas a la realidad. Considerar que esta revolución es únicamente la transformación digital, con una visión basada exclusivamente en la utilización y el conocimiento de las tecnologías y herramientas digitales más sofisticadas, en la digitalización de los procesos, sería un error, pues al contrario, las nuevas tecnologías son la excusa, la coartada que origina esta revolución, que debe transformar la gestión pública, y acabar con los reinos de taifas, con las malas prácticas y las resistencias al cambio. Gestión del cambio, ésa es la verdadera clave de la transformación digital. Porque como decía A. Einstein «La mente que se abre a una nueva idea, jamás volverá a su tamaño original».

NOTA: Para un enfoque práctico y realista, recomiendo la lectura de Eider Sarria Decálogo de aciertos y errores en la implantación de la administración electrónica en el blog de la Asociación de Mujeres en el Sector Público