Gestión del cambio. Mucho se ha hablado de este tema y sobre el mismo han corrido ríos de tinta. Mi participación moderando una mesa en el Congreso Nacional de Contratación Electrónica (CNCE18) sobre “El rol de los habilitados nacionales en la transformación digital de las administraciones públicas y la obligatoriedad en la normativa de la contratación pública electrónica”, me ha proporcionado la ocasión de exponer mi teoría sobre las tres “P” en la gestión del cambio, en relación al papel que los presuntos líderes pueden adoptar en estos procesos de transformación.

En la imagen, Antonio Villaescusa, Laura Almonacid, yo misma y Víctor Almonacid

Con un matiz, la transformación no es digital. La verdadera transformación que estamos experimentando es mucho más que digital. Es la transformación del modelo de administración pública en su concepción tradicional, pasando de ser ese ente burocrático y burocratizado con el que los administrados/ciudadanos/personas nos relacionamos cuando no nos queda más remedio, a convertirse en una administración cercana, proactiva, transparente y eficaz (sea en electrónico o en presencial), siempre con el servicio público por bandera.

Y para ello es preciso que todo el mundo en la organización, pero en particular, en determinados niveles de decisión, asuman el reto de liderar ese proceso de transformación. Además en un momento en el que para conseguir dicho objetivo se alinean las exigencias normativas suponiendo un elemento normativo a favor. Entre otras, la Ley 19/2013, sobre transparencia, las Leyes 39 y 40 de 2015, sobre administración electrónica y, la última en sumarse, la Ley 9/2017, sobre contratación, también electrónica, son solo un ejemplo, pero suficientemente representativo (vendrán más, la más próxima la aplicación del Reglamento Europeo de Protección de Datos).

Sin embargo, esos presuntos líderes no siempre suponen un medio de ayuda a dicho proceso transformador, sino que pueden llegar a situarse en el extremo contrario, y como prueba de ello, la teoría de las tres “P”, aplicada a la gestión del cambio:

  • Palanca de cambio

Estas personas son el impulso del cambio, de la transformación. Porque siempre hace falta alguien que se ponga el sombrero y lidere los procesos de cambio. Que se haga las preguntas adecuadas y ayude a encontrar las respuestas, que apoye y guíe a los interesados en cada paso, y se encargue de hacer de bisagra en el conjunto de la organización, generando las redes necesarias entre los distintos actores implicados.

  • Piedra en el camino

Son un obstáculo pero no un impedimento. Ante el cambio se muestran remolones, ponen pegas, explican todos los males que se derivarían de seguir en esa línea, y recuerdan que si “siempre se hizo así”, por algo será: si no está roto para qué arreglarlo. Pero en realidad sí que hay que arreglarlo, lo demanda la sociedad. Hay que pulsar las teclas adecuadas, intentar subirlo al tren del cambio, y, en última instancia, conseguir que no estorbe, que se aparte para poder superar este obstáculo.

  • Pared contra la que estrellarse

Con la pared hemos topado. La aparición de este tipo de personas en el proceso de cambio puede suponer el punto y final al proceso. No sólo no se aparta sino que ejerce una férrea y activa oposición, por razones ajenas al servicio público se propone parar el proceso. No nos moverán, es su lema. En este caso resulta mucho más difícil en función de la posición que ocupe en la organización, pero resulta necesario tomárselo en serio para desplegar un plan que permita destruir el muro, encontrar los aliados estratégicos que puedan eliminar esta pared.

Sin embargo, no debería ser así. Los servidores públicos (me da igual que sean políticos o empleados públicos) están sujetos a un código de conducta, al cumplimiento de una serie de principios y deberes, consustanciales a la administración pública y a su naturaleza instrumental al servicio de los ciudadanos. Por eso, en realidad todos deberíamos ser palancas de cambio, sin que escudarnos en lagunas legales, en la indefinición de las normas u otras mil excusas (“a mí no me toca”, “en qué artículo dice que lo tenga que hacer yo..” y otras perlas similares) puedan servir de coartada para justificar lo que no es sino más que un puro incumplimiento de obligaciones legales.

Aunque seguro que para muchos no resultará difícil identificar alguno de estos tres modelos en su organización. El reto será convertir paredes en palancas. Y tú ¿qué “P” eres?

 PD: Mi agradecimiento a Laura Almonacid (Interventora del Ayuntamiento de Sant Feliu), Antonio Villaescusa (Tesorero y Coordinador del Plan de Administración Electrónica de la Diputación de Albacete) y Víctor Almonacid (Secretario del Consell de Ibiza), que con sus valiosas aportaciones me permitieron moderar una gran mesa y gracias a la organización por este magnífico Congreso. Pronto podréis consultarla on line con todas las ponencias del CNCE18.