En nuestra anterior entrada Inteligencia Artificial en el Sector Público (I): Amenazas dábamos cuenta de la necesidad de afrontar el papel que las técnicas de IA podían (y deben) jugar en la innovación y mejora de la gestión pública, para, de ese modo, analizar y superar el miedo que existe a que las máquinas nos roben el trabajo (en el mejor de los casos) y/o dominen el mundo (en el peor).

Una vez hecha la radiografía para la gestión de riesgos de los aspectos más desfavorables, toca ahora examinar los favorables, los (múltiples) efectos positivos que asumir esta dimensión de las nuevas tecnologías en el ámbito del sector público puede producir, que sistematizamos en las siguientes

II.- OPORTUNIDADES

Porque una vez enunciadas, advertidas y controladas las principales amenazas que puedan derivarse de la utilización de IA en la gestión pública, hay que poner en valor las múltiples ventajas que presenta la integración de estas técnicas para un mejor servicio y defensa del interés general.

1.- Simplificación administrativa

El ordenamiento jurídico ha comenzado tímidamente (muy tímidamente) a abrirse ea nuevos usos para la tecnología en la administración pública. Las actuaciones administrativas automatizadas, incorporadas en la Ley 40/2015 y muy utilizadas en el ámbito tributario, son sólo un ejemplo de cómo se puede optimizar la utilización de IA en la administración pública, esta norma, junto con la Ley 39/2015 y el mandato del principio once&only, también impulsado por la Declaración de Tallín no hacen sino establecer una obligación legal que puede ejecutarse fácilmente por técnicas de IA.

La Agencia Tributaria (siempre tan diligente cuando de recaudar se trata) lleva ya un tiempo utilizando la IA de IBM (International Business Machines Corporation) Watson, en la gestión del IVA, en particular, para la gestión del Suministro Inmediato de Información (SII) con el IVA a través de un asistente virtual. Los primeros datos aportados muestran una reducción del 90% de correos de consulta recibidos en paralelo al aumento de consultas a Watson.

2.- Cambio de modelo de administración pública

De una administración reactiva a una administración proactiva. Llevamos mucho tiempo diciéndolo y ejemplificando cómo las nuevas tecnologías deberían permitirnos mejorar “la experiencia de usuario”. Muy sencillo de entender si lo comparamos con el mundo del negocio, seguro que en muchas ocasiones, buscando un lugar al que viajar habéis tecleado, por ejemplo, una búsqueda sobre París, y al minuto (o al segundo) vuestras entradas en internet se ven inundadas de restaurantes en París, hoteles en París, excursiones y cualquier otra actividad que se pueda hacer en París o alrededores.

La administración sabe dónde vivimos, el número de personas por vivienda, el margen de edad, si somos usuarios (reales o potenciales) de determinados servicios públicos, y muchísima más información que podría permitirle una gestión más eficiente en nuestra relación. El ciudadano debería ser el centro de la gestión pública y la IA podrá ayudarnos a hacerlo realidad.

3.- Racionalización de costes

Porque no nos engañemos, simplificación administrativa, automatización, tienen un output en términos económicos, que nos van a permitir racionalizar determinadas ineficiencias en la gestión pública. Ahorro de costes en un doble aspecto, por una parte, porque será necesario destinar muchos menos recursos para la obtención no sólo de los mismos resultados, sino incluso de mejores resultados. Y, por otra, porque libera recursos personales que pueden destinarse a mejorar los servicios públicos y a otras finalidades, de tal modo que haremos más con menos.

Un ejemplo de ello, el recurso a los jueces robot en Estonia, con los que se pretende solventar la acumulación de retrasos en la administración de justicia mediante  una aplicación que funcionará de la siguiente manera: las dos partes cargarán sus documentos e información relevante del caso en una plataforma, donde la IA tomará una decisión que después podrá ser apelada por un juez “humano”.

4.- Prevención y lucha contra la corrupción

La disponibilidad de determinar banderas rojas o alertas tempranas para la detección de posibles irregularidades mediante la utilización de algoritmos se ha convertido ya en una realidad normativa en nuestro país, a través de la Ley 22/2018, de 6 de noviembre, de la Generalitat Valenciana, de Inspección General de Servicios y del sistema de alertas para la prevención de malas prácticas en la Administración de la Generalitat y su sector público instrumental y su famoso sistema SATAN (recomiendo la lectura de Satán contra la corrupción de José Mª Gimeno Feliu).

Contratos, subvenciones, selección de personal, la adecuada combinación de los algoritmos necesarios nos permitirá disponer de una herramienta muy cualificada para la prevención y detección, por ejemplo, de los conflictos de intereses, pero también de otras irregularidades de diversa naturaleza en la gestión pública.

5.- Valor añadido de los empleados públicos

Ésta sería la otra cara de la moneda en relación con la amenaza de la destrucción de empleo. La IA permitirá avanzar en la automatización de trabajos mecánicos, repetitivos y que se beneficien del tratamiento masivo de datos, afectando a puestos de trabajos en los que el valor añadido de la persona es nulo o escaso. En consecuencia, permitirá liberar de ese trabajo necesario pero automatizable al magnífico capital humano que presta servicios en la administración pública para ofrecer nuevas posibilidades.

Porque no perdamos la perspectiva, la IA no va a solucionar todos los problemas que puedan existir en la gestión pública. La creatividad y la empatía, tan necesarias para la mejora del servicio público, son características singulares del ser humano, que podrá apoyarse en la IA para abrir nuevas líneas de trabajo, para esa mejora en la prestación de los servicios públicos y ofrecer a la sociedad mayor valor. Porque las nuevas tecnologías y su vertiente en la IA son tan sólo una herramienta para abrir nuevos escenarios para hacer posibles las ideas que brotan de la mente humana, de la inteligencia humana.

   Como dijo Julio Verne, «todo lo que una persona puede imaginar, otros pueden hacerlo realidad”.

NOTA: En este ámbito recomiendo la lectura Inteligencia Artificial y Administración Pública de Carlos Ramió)