Compliance, trampas inteligentes y contratos que se leen… o no.
Puede parecer una anécdota excéntrica del rock de los 80, pero en realidad es una auténtica lección de cumplimiento normativo. La historia es real: Van Halen exigía en sus contratos que no hubiera ni un solo M&M marrón en el backstage. Si los encontraban, podían cancelar el concierto con compensación completa.
¿Capricho de estrella? En absoluto. Era una cláusula trampa.
Un sistema de verificación diseñado para detectar si el promotor había leído realmente las condiciones técnicas del contrato.
En sus giras, la banda utilizaba equipos de alto voltaje, estructuras complejas y requerimientos técnicos estrictos. Si el detalle más simple (los M&M’s marrones) no se cumplía, ¿qué garantías había de que se hubiera revisado con rigor lo demás?
Esa cláusula funcionaba como un dispositivo de alerta temprana. Exactamente lo que busca el compliance moderno.
Lecciones de Compliance que nos deja un M&M
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Los detalles importan. Mucho.
Un pequeño indicador puede poner en evidencia fallos sistémicos en el cumplimiento de procesos más complejos. -
El diseño inteligente de cláusulas puede revelar comportamientos ocultos.
No se trata solo de regular, sino de hacerlo con cabeza: cláusulas que detectan negligencia, simulaciones o incumplimientos. -
La verificación preventiva funciona mejor que la sanción reactiva.
Una cláusula de bajo coste (retirar M&M’s) evitaba riesgos técnicos millonarios. En compliance, las medidas preventivas bien diseñadas son siempre más baratas que la reacción ante el daño. -
Un buen sistema de cumplimiento necesita sus propios “M&M marrones”.
Indicadores internos, controles cruzados, microcláusulas reveladoras, checklists que no solo se firman, sino que demuestran que se han comprendido y ejecutado.
Aplicación práctica en la contratación pública
En el ámbito de la administración pública, donde la contratación representa una de las áreas más expuestas a riesgos de incumplimiento, fraude o corrupción, el ejemplo de la cláusula Van Halen ofrece una lección poderosa: la clave está en los detalles que nadie ve venir.
Incluir elementos contractuales diseñados como testigos de cumplimiento puede ayudar a:
✅ Comprobar si el contratista ha leído y comprendido el pliego en su totalidad (más allá de firmar sin revisar)
✅ Revelar conductas negligentes antes de que se materialicen en incumplimientos mayores
✅ Facilitar el trabajo del órgano de control interno o del responsable del contrato, que puede detectar de forma temprana si una empresa adjudicataria es rigurosa o no con lo pactado
✅ Introducir cláusulas reveladoras en contratos de servicios complejos, como “la empresa deberá entregar junto al primer informe un documento firmado por su responsable de cumplimiento”, o “toda propuesta técnica deberá incluir una declaración sobre el cumplimiento de las especificaciones ambientales”
Estas cláusulas funcionan como puntos de control discretos, que permiten a la Administración anticiparse, detectar señales de alarma y, llegado el caso, activar los mecanismos de resolución, penalización o revisión.
No se trata de cargar los pliegos con cláusulas inútiles o simbólicas, sino de introducir microindicadores de cumplimiento real. En otras palabras: M&M marrones administrativos que actúen como disparadores de alerta en fases tempranas.
Porque a veces, una cláusula que parece insignificante puede marcar la diferencia entre una contratación fallida… y una gestión pública responsable.
En conclusión
¿Y si trasladamos este enfoque a los contratos públicos, subvenciones o códigos éticos?
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Una cláusula específica (aunque aparentemente banal) puede funcionar como termómetro de cumplimiento.
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Un documento de justificación que exige referencias cruzadas puede revelar si se ha realizado copia y pega.
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Un control aleatorio de integridad puede ser más efectivo que un despliegue formalista sin consecuencias.
Es decir, el cumplimiento normativo no va solo de normas, sino de estrategias inteligentes para detectar señales de alerta antes de que sea demasiado tarde.
En una época en la que los sistemas antifraude y los planes de integridad son exigidos por normativa (como en el PRTR), integrar mecanismos como este en la contratación pública no es solo útil, es inteligente.
La próxima vez que revises una licitación, una cláusula contractual o un código ético, piensa en los M&M’s marrones.
Quizá no te eviten un concierto fallido, pero sí una auditoría, una sanción o un escándalo de corrupción.
Porque a veces, la clave no está en las grandes palabras… sino en los pequeños detalles


